Un día me puse un chandal y fui al dojo. Trataba de imitar los movimientos de los demás, aunque no acertaba que brazo había que levantar y cual bajar, con que pierna avanzar, caer era un problema propio, los nombres de las técnicas en lengua extranjera no las entendía. Después de cada clase me dolían los brazos porque empleaba demasiada fuerza con ellos. Mis compañeros eran comprensivos y me ayudaban en todo. Llegó el día del primer examen y no estaba preparada, tres meses es muy poco tiempo. Seguía empleando demasiada fuerza con una parte del cuerpo, y aunque me repetían que me relaje y yo pensaba que lo hacía, no era así. Seguía sin entender términos como usar el centro y el cuerpo en conjunto, crear vacio, cortar o utilizar la cadera.
A medida que a...
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