Una zona del "Camino de Santiago" nipón, cuna del Aikido

Juan Palop
Tanabe (Japón), 11 oct (EFE).-
La remota provincia de Wakayama, por donde transcurre el “Camino de Santiago” japonés, se enorgullece también de ser la cuna del Aikido, un peculiar arte marcial que cultiva, a partes iguales, el cuerpo y el espíritu.
La región nipona del Camino de Kumano, hermanado con la Ruta Jacobea, está salpicada de templos budistas y sintoístas pero también de gimnasios y lugares relacionados con el Aikido, desarrollado a principios del siglo XX y que en la actualidad cuenta con más de tres millones de “Aikidotas” o aficionados en el mundo.
En Tanabe, la segunda mayor localidad de la provincia, está la estatua del fundador del Aikido, Ueshiba Morihei, que se levanta en una concurrida plaza junto al paseo marítimo de una ciudad donde nació en 1883 el “O-sensei” o “gran maestro” de esta disciplina.
“El objetivo del Aikido es entrar en armonía con el universo”, comienza su explicación bajo este monumento Yuji Ota, un funcionario de la provincia de Wakayama encargado de actividades deportivas.
“Morihei combinó llaves y movimientos de distintas artes marciales, algunas de ellas disciplinas antiguas, con influencias sintoístas y su propia filosofía, basada en la paz universal”, explica Yuji Ota.
Ueshiba Morihei (1883-1969), que fue un niño débil y enfermizo, estudió diversas artes marciales durante su juventud, entre ellas el judo -del que es deudor el Aikido-, y practicó sumo y natación, para comenzar después a desarrollar un sistema propio durante los años 20, a partir de todo lo aprendido.
Le añadió su particular filosofía vital, influida por la doctrina de la religión japonesa Oomoto, derivada del sintoísmo, algo que impregna por completo a este deporte y que sus practicantes tienen muy presente.
“En el Aikido no hay enemigos, en el Aikido se lucha contra uno mismo”, asegura por su parte Mitsuo Yamamoto, profesor quinto “dan” o “nivel”, desde el tatami del principal “Dojo” (centro de artes marciales, en japonés) de Tanabe, fundado por un discípulo de Morihei.
Enfundado en un elegante traje blanco y negro (“Aikidogi”), Yamamoto resume en voz queda la filosofía de este arte marcial y cita al fundador al señalar que en el Aikido es esencial “controlar la agresión del contrario, sin infligirle ningún daño”.
El propio nombre de este deporte en japonés sintetiza esa filosofía pues la palabra Aikido es la conjunción de tres caracteres: “ai”, que se traduce como “unidad” o “armonía”; “ki”, que es “energía”, y “do”, que significa “camino”.
Poco después, y sin torcer el gesto, Yamamoto aprovecha una demostración para hacer volar por los aires en repetidas ocasiones a un oponente que trataba de golpearle de distintas maneras, primero con los brazos y luego con una katana de madera llamada “Bokken”.
Su “Dojo”, aupado en una pequeña colina desde la que se domina gran parte de la ciudad, ha formado ya a cientos de jóvenes, en su mayoría hombres, en el arte del Aikido.
Pero éste es tan sólo uno de los locales donde se puede aprender este deporte en una localidad de apenas 85.000 habitantes.
Para conmemorar el 40 aniversario de la muerte del fundador, Tanabe acogerá el próximo año la décima edición del congreso internacional de Aikido, que ya organizó por primera ocasión hace 20 años.
Los organizadores estiman que el acontecimiento congregará a más de 3.000 representantes de 90 países, ya que son muchos los “Aikidotas” que desean acercarse a la cuna de este arte marcial.
“Las técnicas se pueden aprender en muchos otros lugares, pero el espíritu del Aikido sólo aquí”, explica convencido Yuji Ota. EFE
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