No hay nada en la naturaleza que no le pertenezca. No hay nada «no natural», siempre y cuando la naturaleza le de la aprobación de existir o suceder. La naturaleza no tiene por qué «practicar para hacerlo bien», en nada.
Los seres humanos, curiosamente encuentran imperativo de constantemente «hacerlo mejor», tratando de llegar a alturas arbitrarias de realización previstas, y a objetivos de importancia dudosa que, en la gran mayoría se desvanecen de su memoria más rápido que un arco iris después de la lluvia. Es casi como si la raza humana estuviera condenada de antemano, y estuviera a la vez autorizada y obligada a mejorar el diseño de la naturaleza siempre y cuando sea posible...
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