Corrientes – Leyenda de Anahi

Corrientes es una provincia argentina, situada en el nordeste del país, con capital en la ciudad de Corrientes. La delimita al norte y oeste el Río Paraná, que la separa del Paraguay y las provincias de Chaco y Santa Fe; su linde este está marcado por el río Uruguay, que la separa de Uruguay y Brasil; los ríos Guayquiraró y Mocoretá y los arroyos Basualdo y Tunas marcan su frontera sur con la provincia de Entre Ríos. Al nordeste los arroyos Itaembé y Chimiray junto con un tramo de “límite seco” de 30 km, la separan de la Provincia de Misiones.
Es la décimosexta provincia más extensa de la Argentina y la undécima unidad más poblada.
La provincia de Corrientes abarca aproximadamente la región que los guaraníes, antiguos habitantes de la zona, denominaban Taragüí (lagartija, por la abundancia de ellas en el territorio). Es difícil determinar exactamente de cuando data la población de este territorio por los guaraníes nómadas, pero es probable que llegaran a él, siguiendo los cursos fluviales, a mediados del I milenio a. C., tras la escisión que separó a los tupí hablantes de ñe’engatu de los guaraníes propiamente dichos.Anahí es un nombre propio femenino de origen guaraní. Alude a la flor del ceibo. El nombre significa “que es bella como la flor de ceibo”, una de las especies arbóreas más vistosas de la región que habita el pueblo guaraní. En relación con el origen del nombre Anahí, es necesario referirse a la leyenda de la flor de ceibo.
Es conocida la fiereza de la tribu “Guayaquí”, de la familia de los guaraníes. Sus hombres y sus mujeres eran belicosos y celosos defensores del sus tierras, de su hogar. Los conquistadores españoles los creían muchas veces verdaderos brujos, y los castigaban como se los castigaba en España por aquellos días a los sospechosos de brujería, es decir, con la hoguera. Las luchas entre indios y españoles dieron lugar a una de las más bellas leyendas de las tierras que bañan los ríos Paraná y Uruguay. Había en la tribu Guayaquí una niña que amaba su tierra natal al extremo de recorrer sola los bosques conversando con las aves, con las flores, con los animales que poblaban el bosque. Era conocida por la dulzura de su voz que de continuo entonaba los cánticos propios de su raza. Cuando ella cantaba, hasta el río rumoroso parecía callar para escucharla.
Flores de ceibo.
Un día, por el río llegaron los conquistadores, con sus armas y sus caballos. La tribu de Anahí decidió defender la tierra nativa superando el terror que los embargaba ante aquellos seres desconocidos. Pelearon durante varios días y semanas enteras. Pero iban siendo echados poco a poco de sus bosques, de sus ríos, de sus sierras. Anahí, pese a su juventud luchaba como los más valientes. Su voz ya no cantaba más, gritaba la venganza y la guerra y animaba a los hombres y mujeres de la tribu. Pero un día cayó prisionera. Llevada al campamento español, logró en la noche zafar sus ligaduras y golpeando a un centinela ganó nuevamente el bosque, con tan poca suerte que volvió a caer en manos de sus captores. El soldado herido por Anahí murió. Sospechada de bruja, porque nadie podía admitir que con aquel pequeño cuerpo y con su juventud pudiera haber dado muerte de un golpe al soldado, y atribuyéndole ayuda diabólica, fue condenada a morir en la hoguera.
Atada al palo de la ejecución y prendido el fuego de los leños, las llamas comenzaron a abrazarla. Pero Anahí, en medio de las llamas, en vez de gemir comenzó a cantar una canción en la que pedía a su Dios por su tierra, por su tribu, por sus bosques y por sus ríos. Su voz se elevó al cielo, y al nacer el día, el cuerpo de Anahí se había convertido en un robusto tronco de un árbol hermoso del que pendían racimos de rojas flores, tan rojas como las llamas que habían consumido a Anahí, y que se mostraba en todo su esplendor, como símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.
La leyenda de Anahí inspiró una bonita canción que pertenece al músico y poeta correntino don Osvaldo Sosa Cordero, nacido en Concepción, (Corrientes) en 1906.
Anahí…(pica aqui para escucharla)
las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan a caso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.
Defendiendo altiva tu indómita tribu fuiste prisionera
Condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo envuelto en la hoguera
y en tanto las llamas lo estaban quemando
en roja corola se fue transformando…
La noche piadosa cubrió tu dolor y el alba asombrada
miro tu martirio hecho ceibo en flor.
Anahí, las arpas, dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan a caso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.
Fuente: Wikipedia

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