Estaba rechoncho y gordinflón.
Sus ojos, saltones e inquietos,
relampagueaban como ascuas bajo el caldero.
Llevaba unas botas flexibles y su caballo era perfecto.
Más parecía un vistoso prelado que un ajado espíritu.
Su plato favorito era el pavo cebado rustido.
Su montura, de color castaño bayo.
Geoffrey Chaucer describe el monje en los Cuentos de Canterbury, prólogo general
Debes abstenerte de comer carne, excepto como un remedio para el mareo o debilidad. Pero, cuando estás de viaje, que tengas que mendigar en tu camino, fuera de tu propia casa, puedes comer los alimentos que se han cocinado con carne, a fin de no dar problemas a tus anfitriones. En el mar, sin embargo, la carne se puede comer.
La Regla de Carmelitas de San Alberto Avogadro
Y todo lo que ...
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