Tendemos a pensar que los problemas están fuera de nosotros, en los demás. “Es un borde, no me escucha, no tiene paciencia, etc, etc”, cuando a veces la realidad suele ser otra bien distinta. Haz la prueba y rétate a tí mismo. Intenta disociarte cuando te sobrevenga una situación de este tipo y pregúntate… ¿qué le quiero transmitir? ¿qué hay detrás de su actitud? ¿cómo me atendería mejor..?
En realidad, te darás cuenta de que muchas veces nosotros construimos parte de la barrera que nos impide poder fluir con determinadas personas que, en el fondo, solemos apreciar.
Como ejemplo pienso en la relación padre-hijo en la que se suele oír la queja: “no entiendo a mi hijo, no me escucha…” cuando él mismo acaba de definir el problema y probablemente todo sería más fácil si lo inten...
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